domingo, 1 de marzo de 2015

El cuento de la princesa Kaguya (Kaguya-hime no monogatari). Un clásico atemporal.

 

 
Esta película fue nominada al Oscar como mejor película de animación del 2014. Dicho film está dirigido por el afamado director de la Tumba de las Luciernagas, Isao Takahata, y nos presenta una adaptación de un cuento del Japón medieval (“Taketori Monogatari”/ “El cuento del cortador de bambú”) con el que consigue crear una atmósfera envolvente gracias a unos personajes increíblemente dibujados y desarrollados, un juego de luces-sombras asombrosos y una banda sonora absolutamente perfecta a cargo de Joe Hisaishi siendo el sonido con el koto del todo sublime para mí. Además bajo mi perspectiva, la película destila una fascinación hacia lo otro y lo desconocido que representa lo japonés en el imaginario occidental y que ha sido clave para su nominación a los Oscar a pesar de que su recaudación en taquilla está lejos de lo esperado, no siendo esto un problema para I. Takahata ya que posiblemente nos encontremos ante su última película y él lo que ha querido es dar el sello a una carrera pletórica pues el mundo del cine y de las artes en general deben mucho a este genio y a H.Miyazaki pues ambos han sido los grandes impulsores del cine de animación en las últimas décadas.
 
Con estos mimbres anteriormente mencionados, Isao Takahata nos relata una bella historia de tintes atemporales de un cortador de bambú que encuentra una niña extraordinaria a la que inmediatamente llama Kaguya al darse cuenta que es una bendición de los dioses. A pesar de la simpleza del relato, que funciona de una forma magnífica como historia, su lectura se aborda más compleja pues “El cuento de la princesa Kaguya” apunta a las relaciones humanas, a las relaciones con la naturaleza y al propio sentido de la vida —al existencialismo si se quiere— junto a una serie de tópicos universales en la literatura y en el cine como el origen de nuestra protagonista, el locus amoenus, el enfrentamiento campo-ciudad, el beatus ille, la luna como morada de seres divinos y, al mismo tiempo, con un fuerte valor escatológico, etc.




Todas las tesis que aparecen en esta producción cinematográfica se exploran desde el desarrollo de un personaje femenino dotado de cualidades sobrehumanas en belleza e inteligencia y cuya humilde aunque imposible aspiración es poder controlar su vida y, al mismo tiempo, no decepcionar a sus padres adoptivos. Todo ello, hará que Kaguya poco a poco vaya perdiendo su fuerza vital y sus ganas de vivir ante un camino que no ha elegido recorrer y que está plagado de enjambres de hombres que la ambicionan por su única belleza física. Por tanto, el desarrollo de este personaje será vital pues actuará como hilo conductor de este film.

La lectura principal que hace la película es en tono pesimista ya que nos presenta un mundo donde no podemos elegir nuestro destino, no podemos forjarnos a nosotros mismos pues de eso se encargan las visicitudes de la sociedad sin ideales que termina por devorar todos nuestros sueños y deseos. Por este motivo, Kaguya que se encontraba feliz y tranquila en un lugar natural privado de las miradas penetrantes de los aristócratas, debe irse a la ciudad ya que en el pensamiento de su padre no se antojaba otra salida para que su hija adoptiva pudiera vivir y desarrollarse como una princesa. Aquí se nos presenta el primer gran conflicto que Kaguya ha de enfrentar ya que su marcha a la ciudad la hará abandonar su casa, el bosque donde se sentía una más, sus amigos y un muchacho por el que empezaba a sentir un incipiente amor. La princesa lo aceptará de forma silenciosa como cuando más tarde empiecen a presentarse distintos aristócratas a pedir su mano. Nuestro director, como si una metáfora de la realidad se tratara, nos perfila con tintes ácidos e irónicos una clase dirigente como una aristocracia privada de valores e inserta en un sistema vacío que se guía únicamente por las apariencias. Esto se pone en contradicción frente al campo donde la gente es más humilde, sus experiencias más vitales y, en definitiva, son más humanos ya que no han sido corrompidos aún por la sociedad en la que viven.



Dentro de esta parte donde la aristocracia pretende a la bella Kaguya, su padre juega un papel esencial ya que su padre, un humilde cortador de bambú al principio del film, se ve arrastrado por la sociedad y realiza toda una serie de acciones y decisiones encaminadas a contentar a su hija y hacerla una auténtica princesa. Sin embargo, el único resultado que consigue es ir apagando poco a poco su estrella hasta que, desesperada, desea huir del mundo y suplica a la luna que venga a por ella ya que no soporta más esta vida.

El plano final de la película no se puede describir con palabras y solo el intento de hacerlo se debería considerar sacrílego ya que es sin duda uno de los mejores planos que yo he visto en una película y que, junto a una magnífica banda sonora, pasará a la historia del cine pues tiene la pinta de que, tarde o temprano, se convertirá en una película de referencia en su género como ya se ha convertido su obra “La tumba de las luciernagas”.

En definitiva, y por ir terminando esta reseña, Takahata ha creado una auténtica obra de arte que explora unos caminos tortuosos con una gran armonía y lirismo que hace que cuando terminemos de verla no sepamos muy bien como sentirnos pues la tristeza y melancolía que expira este film, gracias a su capacidad narrativa, visual, musical y el mensaje que lanza, está al alcance de muy pocas películas.

El trailer aquí:

José Ángel Castillo Lozano

jueves, 14 de agosto de 2014

Redención (Tyrannosaur) o de como la esperanza puede iluminar hasta en la más fuerte de las oscuridades.

 Redención (Tyrannosaur) es una película que dirige Paddy Considine (2013) que nos lleva a explorar de una forma trágica los rincones más profundos del ser humano, esos que hacen que muchas veces el apelativo humano carezca de sentido pues nos convierte en seres ávidos de violencia y cargados de ira.
Extraída de http://multimediabots.wordpress.com/2011/08/28/preparate-potter-porque-llega-la-que-posiblemente-sea-la-mejor-pelicula-britanica-del-ano/#more-392 (14/08/2014). El cartel es muy simbólico ya que se muestra a nuestro protagonista entre dos árboles, símbolos de regeneración y sobre un dinosaurio, rastro de su antigua vida.
La opera prima de este director empieza de una forma del todo descarnada que nos muestra la tesis de la película. Un hombre de nombre Joseph se deja apoderar por su ira y, tras una discusión en un bar, mata a su perro a patadas (escena que no se muestra en pantalla pero que solo la idea de esto hace conmover hasta el último pedazo de tu alma) no siendo esta la ultima vez que nuestro protagonista se deja dominar por sus más bajos instintos y es que el recurso del perro es muy ilustrativo para rasgar en la personalidad del personaje ya que en ciertos momentos de la película se ve reflejados en los perros. De esta forma, durante la película llegará a exclamar “tú no tienes la culpa amigo” a otro perro que poco después matará pues el animal ha absorbido la violencia de su amo y ha atacado a un niño, un alma pura que ni siquiera puede escapar de la violencia que le rodea y que tarde o temprano terminará abrazando. Por ende, los perros, al igual que los niños, se nos muestran como elementos inocentes que pierden esa inocencia al verse empapados de la violencia en la que viven.
De esto se trata el film, de la violencia que subyace en el propio ser humano y es que en Redención (Tyrannousar) todo se ve influido por la destrucción entre personajes y en los mismos personajes en una cinta donde parece que lo sucio empozoña hasta el último halo de esperanza del espectador y mitiga la propia alma humana ya que P. Considine se alza como un director de cine capaz de sobrecoger al espectador desde una técnica narrativa simple en esencia pero profundamente desgarradora donde nos presenta (en este film) a dos almas perdidas que intentan redimirse continuamente pero que el hábitat donde se encuentran se lo impide pues se hallan en un entorno de máxima violencia física y emocional para ambas donde la maldad, la humillación y la difícil redención de estos personajes vuela sobre el espectador junto a sentimientos de dolor, venganza y amor.
El film, en consecuencia, dibuja a unos personajes enajenados y derrotistas que se dejan llevar por este mar de lágrimas que es el mundo pero a medida que van pasando los minutos del largometraje vamos observando un cambio, una catársis en el protagonista Joseph. Una catársis que viene de otra alma errante encarnada en una modesta dependiente que se refugia en la religión para escapar de su día a día (aunque esto no le sirva como en la escena donde Hannah, tras recibir amenazas de una futura paliza, lanza un objeto hacia una imagen de Cristo espetándole que no la protege “¿y tú qué miras?”). Dicha mujer es ultrajada, violada y ninguneada por un marido que de puertas hacia fuera se muestra como el hombre perfecto. Es en esencia una figura que no deja salir su rabia, guardándosela, acumulándola, por el miedo que siente hacia su marido y, que finalmente, estallará sin control alguno dejándose dominar por sus diablos internos que proyectará a esa persona que tanto la maltrataba.
Ante esta situación, Joseph y Hannah se encuentran. Son dos almas solitarias que parecen que encajan desde un principio a pesar de sus profundas diferencias y gracias al amor/amistad (un recurso literario universal, el amor como elemento civilizador) que empieza a nacer entre ellos. Parece que ambos personajes consiguen escapar de sus sombras para ir retornando a ese camino que se nos ha dado la oportunidad de hacer porque, aunque no lo parezca, esta producción cinematográfica lanza un alegato último a la esperanza, una esperanza que puede llegar incluso hasta el noveno círculo del infierno que diría Virgilio ayudando a Dante. Un halo de luz que llega a estas dos personas descarriadas (por distintos motivos) gracias al cariño, la ternura y el amor que nace entre ellas como prueban la escenas finales donde Joseph al fin sale de la cárcel (lo que parece ser una muerte simbólica que da fruto a una nueva vida equidistante a la anterior que había vivido) y se encuentra con su ángel de la guarda, Hannah, en una escena donde la cámara va girando alrededor de Joseph y Hannah que, sin hablar, nos transmiten la ternura y cariño que sienten el uno por el otro. La película termina, finalmente, con Joseph, trajeado como si de una nueva persona se tratara (baste destacar que al principio de la película se nos muestra desaliñado en contraposición a esta escena final), alejándose por una carretera recta, rodeada de verde que parece que lo lleva al Paraíso. Al fin ha encontrado su camino, gracias a Hannah, y ya no saldrá de él gracias a ese pequeño don que no consiguió salir de la caja de Pandora y que siempre debemos saber valorar hasta en nuestros más oscuros momentos, la esperanza.
Para despedirnos os dejamos la magnífica banda sonora que suena al final de esta impactante película: https://www.youtube.com/watch?v=FnPDC0l9vAQ

José Ángel Castillo Lozano 

viernes, 21 de marzo de 2014

En busca del fuego: reminiscencias prometeicas a un proceso civilizatorio.

La película realizada por Jean-Jacques Annaud en 1981 presenta muchos conceptos e ideas que son algo natural a la naturaleza intrínseca del ser humano. Su propio título: “En busca del Fuego” (nombre original: “La guerre du feu”) nos indica el verdadero protagonista de la película que no es otro que el fuego. Esto a su vez nos revela la tesis principal de la película que no es otra que el devenir del ser humano, su continua evolución a partir de ciertos elementos civilizadores, en este caso, este elemento es el fuego, un fuego que al mismo tiempo, nos hace rememorar aquel mito que nos relata el poeta griego Hesíodo en su obra Teogonía. Dicho mito es el de Prometeo, aquel Titán amigo y creador de los seres humanos que desobedeció los mandatos de los dioses y robó el fuego para dárselo a la humanidad.


Imagen extraída de http://www.moviesdvdr.com/en-busca-del-fuego-dvdr-descargar-torrent-675.html (consultado el 21/03/2014). He decidido poner este cartel porque es el que a mi juicio más se adapta a la esencia de la película.
Estamos viendo cómo el fuego es esencial. Los primeros minutos del largometraje así nos lo muestra. La importancia que tiene el fuego es vital para el microcosmos que conforma la tribu prehistórica “protagonista” de la película ya que con el fuego pueden protegerse de animales salvajes, pueden fabricar herramientas con las que adaptarse mejor al medio, pueden calentarse, etc. De hecho, hasta vemos una especie de pseudo-sacerdote cuya única función era mantener vivo el fuego pues había un atisbo de veneración a este elemento al depositarlo en una especie de altar móvil. Resumiendo, vemos como el fuego se vincula directamente con el hecho de ser o no ser civilizado. De esta forma, se aprecia la manera en que una tribu de casi primates que nada se parece al ser humano ataca a esta tribu. Como ya he dicho, esta tribu atacante no aparecen como seres humanos porque no lo son, son bárbaros, por el hecho de no conocer el regalo de Prometeo a la humanidad.
Hemos introducido una nueva idea, que es la visión del otro, del extraño, del extranjero. La ciencia que estudia la visión de culturas distintas desde la óptica de otra cultura recibe el nombre de alteridad (proviene de alter que significa otro). Esta alteridad estará muy presente en esta producción cinematográfica, ya que la expedición que va en busca del fuego perdido irá viendo distintas tribus y clanes con diferentes costumbres que les asombrarán y sorprenderán, todo esto se reflejará en una especie de mundo como diría el filósofo alemán A. Schopenhauer a “voluntad y representación” de esta expedición conformada por los tres individuos protagonistas de esta producción. A su vez, este film nos mostrará distintas tribus con distintos estadios evolutivos que vendrán dados por la relación que tengan con el fuego. Así, nos muestra a esos primates que no tienen apenas rasgos de humanos al no conocer el fuego, por otro lado, tenemos a la tribu “protagonista” que ya si tiene cierta organización, un lenguaje y ciertos atisbos de creencias religiosas al conocer el fuego y, finalmente, nos encontramos una comunidad de “Homo Sapiens” que tienen ya cabañas, una jerarquía social clara así como un sistema de creencias establecido (como son la escena de la fertilización de mujeres o la incineración de sus muertos que no hemos de olvidar, se realiza con fuego) ya que no sólo conocen el fuego sino que son capaces de controlarlo.
Ya hemos mencionado cómo la tribu “protagonista” fue atacada por una serie de casi primates. Durante este ataque, la preciada reliquia del fuego se consume y se pierde. Esto generará que haya una especie de asamblea cuya decisión será mandar a tres miembros de la comunidad en busca de este gran tesoro, vital para su supervivencia. Estos tres personajes se embarcarán en una gran odisea en busca del fuego, este camino conformará todos los tópicos del llamado “camino del héroe” debido a que se establecerá una especie de camino iniciático que hará de estos personajes auténticos héroes para su tribu debido a que no sólo encontrarán el gran tesoro sino que adquirirán la técnica para poder crearlo y dominarlo. 
Imagen extraída de http://www.museuprehistoriavalencia.es/ficha_exposicion.html?cnt_id=3945 (consultado el 21/03/2014)
En conclusión, se han convertido para su tribu en héroes civilizadores que traen una serie de nuevas sabidurías que hará cambiar el imaginario colectivo tribal. Este cambio cristalizará en el alcance de un estadio evolutivo superior que les permitirá establecer una relación distinta a la que venían teniendo con la naturaleza ya que hasta entonces, el ser humano era un mero engranaje de este gran cosmos que es el mundo teniendo incluso que huir de animales salvajes (como la escena en la que huyen de los dientes de sable). Sin embargo, con el dominio del fuego esta relación cambia radicalmente pues ahora el ser humano es el amo y señor de la naturaleza. Esta nueva situación nos pone en la pista del ancestral conflicto técnica-creador que tan bien se ha presentado en películas como Blade Runner y que tan latente estaba en la época en que se estrenó la película (estamos en los años de la Guerra Fría y del miedo ante un posible holocausto nuclear).
Otros aspectos interesantes que se dan en este viaje iniciático es el origen de la risa y el amor como elemento civilizador, ambos conceptos guardan una estrecha relación pues su surgimiento viene dado por un grado de complejidad cada vez mayor que van adquiriendo los protagonistas a medida que transcurre su camino. Esto les lleva no sólo a centrarse en su supervivencia sino a acoger y crear sentimientos cada vez más complejos que los convierte en algo más que simples animales. Paradigmático al respecto son las escenas finales dónde vemos como los tres amigos y la chica “sapiens” empiezan a reírse entre ellos o, la escena final, donde uno de los tres aventureros abraza y cobija a la mujer que se unió a ellos entre sus brazos mostrando un amor, un sentimiento complejo que en cierta forma nos distingue del reino animal.
Para finalizar, hemos visto una película que defiende la tesis de un proceso evolutivo y civilizador positivo, su antítesis la podríamos encontrar en el Planeta de los Simios (1968). Para defender esta tesis, nos hace rememorar con gran acierto las aventuras de un grupo de antepasados para llegar a controlar el fuego. Durante estas aventuras irán aflorando una serie de ideas y conceptos, ya explicado, que se han venido dando a lo largo de toda la historia de la humanidad y que se siguen manteniendo en nuestros tiempos.

PD: me gustaría agradecer a la Asociación Cultural Civitas Mar Menor por haberme ofrecido realizar un coloquio acerca de esta película en una de sus sesiones de Cineforum.

PD2: Aquí os dejo un enlace de un trabajo más amplio y publicado en la revista El futuro del pasado acerca de esta película y de mi autoría: http://www.elfuturodelpasado.com/ojs/index.php/FdP/article/view/195/191

José Ángel Castillo Lozano

jueves, 6 de febrero de 2014

Las "Etiópicas" de Heliodoro

La crisis de valores de la etapa clásica producirá que el pueblo se cobije en distintas doctrinas de salvación destacando, las doctrinas post-clásicas y distintos tipos de religiones mistéricas que como W. Buerkert dice: “son una forma de religión personal que depende de una decisión privada y aspira a alguna forma de salvación por la aproximación de lo divino”. Esto se reflejará en el nacimiento de la novela como expresión artística (Hidalgo, 1988: 175).

Este tipo de novelas, presentan una serie de tópicos que, básicamente, son los siguientes: una pareja de jóvenes de belleza divina y de familia acomodada que se enamoran mutuamente; un dios que se interesa por ellos y los elige para que se consagren e inicien en sus sagrados misterios; pero antes de que lleguen a la unión mística con la divinidad tendrán que realizar un camino iniciático que les hará dignos de recibir el respaldo de este dios; el regreso a su país y la consagración de su vida a la plegaria y culto de esta divinidad (Crespo, 1979: 21). Una serie de tópicos que en el caso de no ser seguidos, las novelas, corrían el riesgo de perderse en el inexorable paso del tiempo.

Tras esta pequeña introducción, vamos a pasar a hablar de esta novela tardorromana publicada en la ed. Gredos.



Las Etiópicas de Heliodoro, cuya composición es deudora de la Odisea (Crespo, 1979: 30-31) con recursos como “media res” (Hilton, 1998: 79), cumplirán punto por punto los tópicos que aquí acabo de enumerar y, sutilmente, nos relata la iniciación en la religión mistérica de Helios donde, bajo la perspectiva de un espiritualismo platónico-pitagórico, se refleja como el alma cae de un sitio divino a otro donde soportará el dolor y el sufrimiento del mundo hasta su muerte. Tras esta, el alma va a una “sorte migliore” (Janni, 1987: 10) y es que como dice también Hidalgo (1988: 179) el alma está en este mundo pero es su deber irse. Por ello, los protagonistas de esta novela buscarán regresar a un sitio ubicado en los confines del mundo y que ofrece toda una serie de connotaciones de lugar utópico donde el alma podrá reposar fuera de toda desesperación y sufrimiento que le aguardaba en el mundo terrenal si se me permite este concepto. Gracias a estas novelas, podemos conocer de manera más certera, cómo dice P. Grimal, la vida cotidiana del paganismo, el imaginario presente en las clases sociales predominantes, y no tanto las de las élites sociales, de este turbulento periodo, pues las Etiópicas se datan entre los S. III y IV d. C.

En las Etiópicas, también conocidas como Teágenes y Cariclea , nuestro novelista, nos contará la historia de Cariclea, una muchacha nacida de la estirpe real etíope y educada bajo la atenta mirada de Helios-Apolo en Delfos que será reconducida, tras un largo errar y superando muchas pruebas, a su tierra natal, Etiopía, “la tierra oscurecida por el sol” del oráculo. Esta tierra es el lugar protegido del dios Helios y Selene, patria de la sabiduría divina y donde viven los más justos de los hombres cuya vida consagran a la nobleza, al bien y a su dios tutelar y es que no debemos olvidar, que esta novela griega, nos muestra un viaje y, posterior, rito iniciático en la religión mistérica de Helios, de origen sirio. El modelo de estos hombres se parece mucho al de los sabios anacoretas indios y es que, seguramente nuestro autor, conocía el relato de Onesícrito y realizó una extrapolación de las características de estos indios a los etiopes (Janni, 1987: 11).

Durante el transcurso de las diversas aventuras que tienen Cariclea y su amante, el “dios supremo” Helios les guiará. He dicho “dios supremo” porque la construcción de Heliodoro es una mezcla de la doctrina neoplatónica, con especulaciones platonizantes y con creencias vetero-pitagóricas (Janni, 1987: 9). En ella, Helios se muestra como el dios supremo, por debajo suyo, encontraríamos dioses visibles entre los astros y, tras estos, una esfera de seres divinos (“di esseri intermedi demonici”) que intervienen en el fatum de los seres humanos. Y es que el cosmos de las religiones está muy presente en esta obra, ejemplos tenemos varios, así Cariclea se presenta con todos los atributos de Artemisa; Helios y Selena tendrán sus equivalentes humanos en Teágenes y Cariclea; Cariclea aparecerá llorando y abrazando a su amante cuando este ha sido atacado por piratas como si de Isis abrazándo a Osiris se tratara (imagen que luego absorberá también la Virgen María); Teágenes aparecerá en una escena con todos los atributos de Mitra, dios solar como Helios, etc.

Como ya he dicho anteriormente, la providencia guía y tutela el viaje de Cariclea y Teágenes. Esto está presente en muchos pasajes de esta obra pero, tal vez, los más paradigmáticos al respecto sean el episodio de la ordalía donde Cariclea es acusada de asesinato y se la condena a arder en la hoguera, sin embargo, tras realizar unas plegarias consigue escapar a las llamas (se trata de una ordalía, de un juicio de los dioses). Otros de los pasajes más claros al respecto son los del oráculo y los del sueño, en concreto, el cuarto sueño (Fernández, 2010: 240-241) donde un águila (metáfora de Teágenes) vuela hacia el destino de esta pareja en los confines de la Tierra, al país de Etiopía. Otro interesante aspecto, es el que realizan Cariclea y Teágenes en el que prohíben los sacrificios humanos pues al dios le molestan y empiezan a realizar plegarias y a utilizar solo incienso. Así, a partir de ahora, estarán prohibidos los sacrificios de animales y la ingesta de vino pues ambos, según la perspectiva shopenhaueriana y nietzscheana de la violencia como hilo conductor de la historia que tiene W. Burkert, representarían la carne y la sangre, una metáfora del sacrificio humano, una ritualización de éste. Esto lo realizan porque se presentan como instrumentos que la providencia utiliza para sus intereses.


Resumiendo, la novela de Heliodoro, de la cual se han vertido ríos de tinta, manifiesta una extremada elaboración y una tremenda complejidad pues alterna recursos de la literatura clásica en una época de transformación, no sólo políticas y económicas, sino en el propio imaginario. Dejando de lado los aspectos meramente formales, podemos ver como la novela destila numerosos aspectos religiosos, escapistas y útopicos, siendo estos dos últimos los que mayormente nos interesan. El fin último de la odisea que viven los amantes es regresar a su país natal, algo que Heliodoro nos dice en mitad de la novela. Este país natal, que es Etiopía, presenta toda una serie de tópicos propios de un lugar ubicado en los confines del mundo que cumple las características de un lugar utópico. Vemos pues, como un lugar común propio de la literatura clásica, se refleja en esta literatura más tardía bajo unos mismos preceptos y cumpliendo una función escapista y de crítica a la sociedad vigente. Así, Etiopía, es un lugar de ancestral sabiduría que lo habitan los más sabios y justos de los hombres ya que, a su vez, los dioses (en este caso Helios-Selene) los tutelan y protegen.

José Ángel Castillo Lozano

Fuente:
HELIODORO, Las Etiópicas o Teágenes y Cariclea. Ed. Gredos. Madrid.1979.

Bibliografía:
CRESPO GÜEMES, E. (1979): “Introducción general”, en HELIODORO, Las Etiópicas o Teágenes y Cariclea. Ed. Gredos. Madrid. pp. 7-61.
FERNÁNDEZ GARRIDO, R. (2010): “Los sueños en la novela griega: Heliodoro” en Emerita, Revista de Lingüística y Filología Clásica (EM) LXXVIII. pp. 231-248.
HIDALGO, M. J. (1988): “Los misterios y la magia en las Etiópicas de Heliodoro” en Studia Historica. Historia Antigua 6, pp. 175-188.
HILTON, J. (1998): “An Ethiopian Paradox: Heliodorus, Aithiopika 4.8” en en HUNTER, R. L. (ed.), Studies in Heliodorus, Cambridge, Cambridge Philological Society, pp. 79-92.
HUNTER, R. L. (1998): “The Aithiopika of Heliodorus: beyond interpretation?”, en HUNTER, R. L. (ed.), Studies in Heliodorus, Cambridge, Cambridge Philological Society, pp. 40-59.
JANNI P. (1987): Il romanzo greco. Guida storica e critica. Ed. Laterza. Roma. pp. 5-26. 

miércoles, 23 de octubre de 2013

Unas pequeñas reflexiones de Gravity

Ayer aprovechando una oferta del cine (entradas a 2.90 euros), acudí raudo a ver una película de la cartelera que se comentaba que podría ser una gran producción. La película a la que me refiero es a Gravity, del director Alfonso Cuarón y que presentaba un gran cartel de actores como los archiconocidos George Clooney y Sandra Bullock.

La película me gustó bastante ya que a la magnífica fotografía y a unos planos alucinantes, hay que unir unas convincentes actuaciones y una extraordinaria banda sonora que produce que te sumerjas en una agobiante atmósfera que te introduce de lleno en la odisea que sucede en el espacio ( hay muchos guiños al genial Kubrick por parte del también director de Hijos de los hombres).

En lo relacionado con los actores, creo que Sandra Bullock ha sufrido una metamorfosis, no puedo decir que sea brillante pero tampoco mala (su escena hablando con la radio en soledad, se merece un 10) y, en esta producción, hace un papel muy convincente y bastante bueno. Respecto a George Clooney, cumple notablemente su papel. Sinceramente, creo que los actores hacen bien sus papeles sin más  y es que, en esta película, su director, intenta darle (en mi opinión), una mayor importancia al ambiente que rodea a los personajes que a estos mismos.

Imagen extraída de http://www.hdwallpapers.in/2013_gravity_movie-wallpapers.html


Por mi formación o vocación, me gustaría resaltar una idea que se adhiere a la película. Esta idea que subyace en la película es el conflicto entre la técnica y el ser humano, un tópico que se prolonga desde los albores de la raza humana. Primero fue el fuego, más recientemente, la energía nuclear y, en esta producción este hueco lo ocupa los utensilios para navegar en el espacio.

El argumento de la película es simple y, de hecho, la primera escena nos anticipa el drama de la película pues el personaje que interpreta George Clooney, toma las características de un oráculo, y nos dice que esta misión le trae mala espina. De la misma forma, este "oráculo" se vestirá de "santo" ayudando a Sandra Bullock en un momento de debilidad y es que la película está impregnada también de cierto aroma bíblico (la escena final, es un ejemplo claro al respecto, y es que parece que hay un bautismo encubierto con el elemento agua que adquiere una gran importancia y que es otro guiño al monolito de 2001: Odisea en el espacio, el comienzo de una nueva vida). El argumento pues, nos presenta un grupo de astronautas estadounidense que están trabajando en la órbita terrestre cuando de repente, y por culpa de los rusos (cuánto  hacía que no le echaban la culpa a los rusos, que Putin se ande con cuidado), se genera una gran cantidad de residuos que colisionan con este grupo de científicos provocando la muerte del equipo salvo dos astronautas, un hombre y una mujer como si fueran las copias de Adán y Eva. Estos dos astronautas quedarán solos y lucharán desde ese momento consigo mismos y contra una tecnología que les supera para regresar a sus hogares, de ahí que se impongan ciertas ideas existencialistas que se bañan con el dogma cristiano para presentarnos un conflicto muy humano a pesar de que acontece en el espacio, a miles de km de nuestro hogar, la Tierra.

A partir de este momento, el director nos sumerge en un thriller psicológico, agobiante, donde el ser humano debe luchar desesperadamente contra sí mismo y contra el medio por su supervivencia, con unos utensilios que le han dado la espalda y que superan al creador que los ha hecho.

En conclusión, nos encontramos ante una película que aúna una belleza estética impresionante, de lo mejor que he visto en el cine estos últimos años, junto a una serie de ideas un tanto complejas que son algo intrínseco a la naturaleza de la raza humana.


José Ángel Castillo Lozano



PD: Gracias por leerme, el tema se podría complejizar más si hubiese hablado del papel de la religión en la película que está bastante presente en ella y si hubiera extendido la idea del conflicto entre técnica-creador, pero por miedo a hacer spoiler, he preferido quedarme esas reflexiones para mí. Si queréis preguntar cualquier cosa, comentar lo que gustéis, pues los comentarios si podrán albergar spoiler.

martes, 15 de octubre de 2013

Gilles de Rais, barón de Laval, Mariscal de Francia y protector de Juana de Arco.

En estas semanas de octubre, pero hace 573 años, fue juzgado Gilles de Rais (1404-1440), barón de Laval, mariscal de Francia y protector de Juana de Arco. Las razones por las que fue doblemente juzgado y posteriormente condenado a morir en la horca y en la hoguera fueron que entre niños y niñas, torturó, mató, violó y vejó a más de 400, aunque entre 1431 y 1440 se contabilizaron en sus dominios más de 1000 desapariciones de jóvenes entre 8 y 20 años.   
  
"Mata en tiempos de guerra y la gente héroe te llamará. Mata en tiempos de paz y de asesino te acusarán". Lamentablemente esto es más que cierto, y personalmente me recuerda a la trayectoria que siguió Gilles de Rais a lo largo de sus días, los cuales procederé a comentar para quienes estén interesados.     

Nació en el 1404, aproximadamente a mitad de la Guerra de los Cien años (1337-1453) en una Francia inmersa en sus peores momentos, donde más de la mitad de su reino permanecía directamente bajo poder del invasor inglés y de sus aliados afines, que reclamaban abiertamente su legitimidad al trono francés. Paralelamente, la infancia de Gilles estuvo marcada por el total abandono y absoluto desentendimiento de sus propios padres, que legaron su educación a terceros para así dedicarse a sus propios menesteres, algo normal en un matrimonio fruto de la conveniencia nobiliaria. Sin embargo, el futuro mariscal disfrutó de una holgada educación en sus tiempos de mozo gracias a su estatus social, siendo conocedor de varias lenguas y sabedor de obras clásicas de la mano de Suetonio e instruido también en las materias religiosas católicas propias de la época. Pero con el tiempo y la propia evolución de su existencia, demostró que aunque culto, no fue sabio ni reflexivo; las historias de los emperadores Nerón, Calígula y Tiberio plantaron en la joven pero ya enferma mente de Gilles una curiosidad perversa para servirse del poder que su innata posición social le asignaba para obtener placer y felicidad a través de hacer sufrir a otros. La muerte, que tanta pasión despertó a lo largo de su existencia, tuvo su primera aparición en su vida a los 9 años, cuando contempló como su padre Guy II de Laval moría destripado por un jabalí. Gilles no se separó del lecho de su padre hasta que éste exhaló su último aliento, pero no por la compasión de un hijo que sufre la pérdida de su padre, sino por la curiosidad y el embaucamiento que la brutal imagen de su padre agonizando con las tripas fuera le provocaba en su infantil y ya maltrecha mente. Al poco su madre Marie de Craon fallece también, quedando Gilles al cargo de su abuelo materno, Jean de Craon, un despiadado criminal de sangre muy noble que terminó de malversar el espíritu de su nieto por medio del maltrato psicológico y físico. Durante su tutoría, Gilles conoció los estragos de la alcoholemia y de la crueldad desmesurada, que primero vio aplicada en sí mismo por la mano de su abuelo para posteriormente aplicarla él mismo contra otros terceros, matando a su primera víctima a los 15 años, cuando se le ocurrió la infeliz idea de usar armas de verdad contra su paje en el patio de entrenamiento donde todos los días practicaba para formarse en el temible guerrero que un día llegó a ser.     

Con 17 años, se negociaron infructuosamente dos matrimonios atendiendo siempre al interés económico como viene marcando la tradición. Pero ninguna familia quería emparentarse con Gilles, ya que a pesar de ser una de las personalidades más poderosas y ricas de Francia, la fama que empezaba a gestarse en torno a nieto y abuelo era harto conocida. Además, Gilles de Rais era abiertamente homosexual (condición pecaminosa y castigada por la Inquisición), siendo la tarea de engendrar un heredero su única preocupación en el asunto conyugal. Así, instigado por su abuelo, decide desafiar las leyes del incesto secuestrando a su propia prima, con la cual se desposa y tras siete años de matrimonio infértil en todos los sentidos, consiguen traer una hija al mundo. La pequeña es criada por su madre en los confines de los dominios de Gilles, lo más alejado posibles de él y de sus futuras fechorías, sin saber nada de él hasta el momento de su muerte. Como podemos comprobar, otra familia que distó mucho de ser feliz. 

Sirviéndose de su enérgica juventud, prestó valerosos servicios a su señor el duque de Bretaña hasta que logró hacerse un hueco en la corte del mismísimo delfín Carlos de Valois, llamado a ser el VII de su nombre entre los monarcas franceses. Fueron en estos tiempos donde su pasión por la muerte tuvieron rienda suelta dentro de un marco "legal" debido a la guerra sin cuartel que se mantenía contra los ingleses invasores y sus aliados borgoñones. Decían sus compañeros de armas que en la batalla Gilles se imbuía de un espíritu demoníaco, que no había rival en el campo de batalla que cruzara mandoble contra él y lograra conservar la vida. Era querido y respetado porque mataba a los enemigos de Francia, y Francia necesitaba ahora más que nunca gente como Gilles de Rais; hombres ricos para nutrir regimientos de soldados que lanzar a la guerra y guerreros habilidosos con la espada y el hacha para ganar batallas.    

Y fue con sus 25 años cuando conoció a Juana de Arco, en un momento crítico para la Historia de Francia y para la propia historia de Gilles de Rais. La Guerra de los Cien Años estaba a punto de decantarase en favor de los ingleses que no paraban de infligir humillantes derrotas a los ejércitos franceses, quedándoles sólo un único objetivo militar por cumplimentar para cantar definitivamente la victoria. Ese objetivo era la ciudad de Orleans, fiel a la causa del futuro y legítimo monarca Carlos VII. Si la ciudad caía en manos inglesas, la causa francesa estaría para siempre perdida....pero las huestes acantonadas en la ciudad eran escasas y el ánimo para continuar una guerra que desde hacía años se sabía perdida era inexistente. Sólo un milagro podía salvar a Francia. Y ése milagro fue Juana de Arco, que logrando la confianza de Carlos VII y de algunos de sus más íntimos allegados, como Gilles de Rais, consiguió con un pequeño ejército liberar a Orleans en una legendaria y decisiva victoria en la que los ingleses fueron puestos en fuga. La victoria de Orleans fue la primera de sus 4 promesas. La segunda fue liberar Reims, donde coronó ella misma al rey Carlos VII. La tercera, consistente en liberar París junto a la cuarta promesa, que era liberar al Duque de Orleans, nunca se llegaron a consumar ya que Carlos VII perdió todo interés en proseguir la guerra contra los ingleses por medio las armas. Él ya tenía su corona, que era lo que quería, y la beligerante Juana de Arco era ahora una molestia más que una ayuda, por eso no movió ni uno de sus regios dedos cuando Juana de Arco fue capturada por los borgoñones en Compiègne. Éstos la vendieron a los ingleses, que inventaron todo un juicio falso y absurdo que acabó con la joven de 19 años condenada a morir en la hoguera en 1431.    

Por su parte, Gilles de Rais, que profesó una auténtica devoción por Juana de Arco y su labor terrenal, quedó enfermamente trastornado por los sucesos acontecidos y que acabaron con la muerte de la que él consideraba un ángel en la tierra. Durante los aproximadamente 2 años que permanecieron combatiendo juntos, Gilles de Rais vio justificada su existencia en la tierra, disfrutando de un equilibrio mental que le mantenía lejos de su psicopatía peligrosa, alcanzando además la cumbre de su carrera militar al ser nombrado mariscal de Francia por el rey Carlos VII. Bien puede ser que ello se deba más a que Juana de Arco supo reorientar sus instintos asesinos y peligrosos para una causa justa que sirviera a los intereses políticos del rey de Francia, pero lo cierto es que en su confesión final, Gilles de Rais se mantenía todavía como un fervoroso seguidor del mensaje de Juana, de la cual se consideraba su más firme protector. Protector que sin embargo fracasó al intentar salvarla de la hoguera, pues cuando Juana de Arco fue capturada y hecha prisionera, en el transcurso de sus meses de cautiverio en la ciudad normanda de Ruán, Gilles de Rais trató de reorganizar un ejército (sufragado por él mismo) para rescatarla, valerosa hazaña que por razones que se desconocen no logró desempeñar pues Juana tristemente acabó siendo pasto de las llamas mientras su presunto rescatador quedó acampado a 25 km de allí. Sin embargo, la muerte de Juana de Arco también supuso la muerte del interés de Gilles de Rais en la guerra contra los ingleses, dando públicamente la espalda a la causa de Carlos VII, al que acusó abiertamente de ser el responsable de la muerte de su amada Juana.     

Y es aquí cuando comienza el principio del fin, la caída hacia el infierno del hombre más poderoso de Francia. Enfermamente deprimido, regresa a sus vastos dominios familiares donde dio rienda suelta a todos sus instintos asesinos y a los más extravagantes placeres, emulando a los césares depravados que leía cuando era niño. Dilapidó toda su inmensa fortuna (era el segundo hombre más rico del reino, por debajo del rey) en toda clase de fiestas y orgías, acompañadas éstas por virtuosos músicos que tocaban el órgano, su instrumento favorito. Preso de una mente esquizofrénica y melancólica, intentó representar sus días de gloria organizando una representación de la batalla de Orleans, no reparando en gastos a la hora de contratar actores y soldados bien pertrechados en todos los sentidos con los que recreó las campañas de Juana de Arco como si fuesen auténticos cuadros llevados a la vida. Poco a poco sus arcas fueron agotándose, viéndose obligado a tener que vender su patrimonio para que la fiesta despilfarradora nunca terminara. Y fue en este momento, ante su inexorable sed de dinero, cuando cayó en manos de alquimistas y brujos que le prometieron que todas sus carencias económicas finalizarían si conseguía crear la Piedra Filosofal, artefacto alquímico que lograba transformar el plomo en oro. Sus tres castillos principales, a saber de Machecoul, Tiffaugues y Champtocé se convirtieron en un reducto para brujos y alquimistas que fueron carcomiendo la cada vez más escasa riqueza de Gilles de Rais, hasta el punto de exigirle que debía de realizar sacrificios de niños para que los demonios concedieran su favor para lograr así consumar la Piedra Filosofal.    
Paralelamente a estas cuestiones heréticas y satanistas, Gilles de Rais tenía una enfermiza obsesión sexual que sólo lograba saciar mutilando, matando y violando niños y niñas. Su locura quedó desatada cuando decidió enviar a sus sirvientes de más confianza para que recorrieran todos los pueblos pertenecientes a sus dominios para que por medio de dulces engaños o a través del secuestro directo, trajeran a sus castillos a niños de entre 8 y 20 años para saciar su perverso apetito sexual. Durante las noches, Gilles y sus esbirros se abandonaban a brutales orgías alcohólicas a través de las cuales perpetraban sus macabros placeres violando, asesinando y, en ocasiones, volviendo a violar a las pobres criaturas después de muertas. Están documentadas todas estas perversidades en las actas de los juicios que contra él se llevaron a cabo una vez fue hecho prisionero, recopiladas a través de los testimonios de testigos directos, a saber de los sirvientes que ayudaron a perpetrar estos horribles crímenes como a las propias confesiones íntimas de Gilles de Rais. Pero antes de que el día de su captura llegara, transcurrieron 8 largos años de terror desmesurado en las que el otrora gran Mariscal de Francia y compañero íntimo de Juana de Arco dio rienda suelta a sus instintos más oscuros y perversos. Llegó a confesar que gustaba de colgar a sus jóvenes víctimas de ganchos y cuerdas para luego, en el momento final de su agonía, violarlos y desmembrarlos, profanando luego sus cuerpos por medio de actos sexuales deleznables y ofreciendo algunos de sus miembros y órganos al mismo Diablo. Reconoció ante los tribunales que su máximo climax sexual era precisamente contemplar el mismo momento de la muerte, sentándose encima de los niños cuando estos estaban agonizando. Incluso reconoció que a veces llegaron a cortar las cabezas de los pequeños y hacía, junto a sus leales esbirros, competiciones para ver cuál de todas ellas era la más bella. Otras veces sus criados confirmaron que después de la barbarie, quedaba largos momentos a solas con los cuerpos descuartizados de sus víctimas, mientras llorando a lágrima viva los besaba y abrazaba, rogando el perdón de Dios por sus miserables pecados. Luego, daba la orden y sus criados hacían desaparecer los cuerpos, primero acumulándolos en las mazmorras de sus castillos hasta que finalmente fueron quemados para evitar sospechas.  

Pero todo tiene un principio y un final, y el final de la noche de Gilles de Rais estaba firmado. Las continuas desapariciones, que se comentaban al principio entre susurros en las tabernas y posadas, pronto fueron gritos que comenzaron a ser escuchados por las altas esferas. Así, el obispo de Nantes inició en secreto una serie de investigaciones que inequívocamente señalaban a Gilles de Rais como principal sospechoso. Ello, unido a un desafortunado lance que tuvo el mariscal a la hora de vender una de sus posesiones en su enfermiza obsesión por conseguir dinero, hizo que finalmente fuera arrestado por la mismísima autoridad real en persona a la cual Gilles no pudo negarse. Preso en Nantes, disfrutó de las comodidades correspondientes a su alto linaje, aunque tuvo que enfrentarse a dos juicios de naturaleza civil y eclesiástica. Durante los más de veinte días que duraron los juicios y por los que pasaron incontables testigos, especialmente sus criados de más confianza, finalmente Gilles de Rais fue condenado por ambos tribunales a morir ahorcado y quemado en una ejecución pública por cometer sodomía, herejía, mantener comercio con diablos y por asesinato.

Y este es un pequeño resumen de la vida de Gilles de Rais, que quedaría inmortalizado en los cuentos populares en la figura de "Barba Azul" a través de la obra de Charles Perrault universalmente conocida como "Historias o cuentos de tiempos pasados". He intentado condensar todo para una lectura sencilla, omitiendo algunos detalles para no alargarlo más de lo que ya de por sí es, y espero que me perdonéis las posibles erratas que se me hayan podido colar y la propia extensión en sí. En un principio no pensaba publicarlo, pero viendo que a algunos os podía interesar he decidido compartirlo. Supongo que como a mi, en algún momento de nuestras infancias fuimos amenazados por nuestras madres o abuelas con que si no nos portábamos bien o si no nos comíamos la comida el "hombre del saco" (el Barbe Bleue o Barba Azul francés) vendría a por nosotros. Quién iba a decirnos que esta historia infantil una vez fue cierta en tierras bretonas y que cientos de niños encontraron un horrible e injusto final bajo las garras de tal inmundo monstruo.     

Por último, si os ha gustado este acercamiento a la figura de Gilles de Rais y queréis saber más, os recomiendo el libro de Juan Antonio Cebrian titulado "El Mariscal de las Tinieblas", que a mi personalmente me ha parecido bastante bueno 

Por último, un poco de música que creo que viene perfecta para esta nota jaja. También me pone los pelos de punta (soy un miedoso) http://www.youtube.com/watch?v=urV8MIcLDFk  . Increíble escucharla mientras lees las atrocidades que cometió este buen cristiano, mariscal de Francia y gran defensor de Juana de Arco.
Gilles de Rais, barón de Laval, Mariscal de Francia y protector de Juana de Arco.
Gilles de Rais, barón de Laval, Mariscal de Francia y protector de Juana de Arco.


Adrián Rosell Lucas

jueves, 10 de octubre de 2013

El suicidio ritual en el mundo samurái

Cuando uno completa todas las etapas de su vida, no le cabe sino esperar el último paso de esta que no es otra cosa que la irremediable muerte. La muerte es un elemento muy importante en todas las sociedades humanas, ha sido mitificada, sacralizada y ritualizada, y en el Japón de los samuráis esto no es distinto.

La muerte podía acontecer de dos maneras distintas ya que la simbología de estas dos formas es radicalmente opuesta. Una se podía incluir dentro de la esfera de lo privado produciéndose por la edad, por una enfermedad o por un accidente, mientras que la otra forma de morir, pertenecía a la esfera pública y bien podía llegar en una lucha o basada en una decisión tomada libremente.

En esta entrada trataremos, por su condicionante social, los tipos de muertes que están vinculadas con la esfera de lo público. Así trataremos la muerte provocada en el campo de batalla y, en concreto, el suicidio ritual denominado seppuku o harakiri, algo limitado al mundo masculino. Este suicidio podía hacerlo una persona de forma individual o bien una persona que representaría a un grupo de naturaleza elitista que en este acto buscaba reponer o ganar fama y gloria, dos valores que, al estar vinculados, hacían de este suicidio ritual un acontecimiento de carácter público. La faceta pública de este ritual se muestra de una forma magnífica en la película Harakiri (seppuku) (1962) de Masaki Kobayashi y  en su remake (2011) dirigido por Takashi Mikii, de menor calidad, aunque en estas películas se ahonda más en el tema personal presentándonos un típico enfrentamiento entre el honor y la necesidad.

Los orígenes de esta práctica no están claros y se piensa que este rito no estaría extendido entre los primeros samuráis donde la idea de suicidio no tendría cabida. Sin embargo, a partir  del S. XII d. C., encontramos como la idea de suicidio va extendiéndose entre los samuráis, en las epopeyas militares de esta época, como por ejemplo el Hôgen monogatari, nos cuentan como los altos rangos de los ejércitos preferían suicidarse antes que caer en las garras de sus enemigos, esto va generando un cambio en el imaginario colectivo que va gestando un cambio en el forma de asumir la muerte y la impureza (kegare).

Dicho cambio se consolidaría de una forma definitiva (y tardía) en el S. XVII. En este siglo se asentarán las bases formales para el seppuku que, a partir de ahora, se convertirá en un método indirecto de ejecución o de castigo para las altas clases sociales para así, tras este proceso, permitir al ejecutado conservar parte de sus propiedades para la familia y reparar su honor perdido. El Estado a su vez lo utilizaba para evidenciar públicamente su autoridad y la de las clases altas. Esto último se refleja de una forma maravillosa en la leyenda de los 47 samuráis donde Osana es condenado al harakiri por herir , previa provocación, a un emisario imperial al igual que sus 47 antiguos sirvientes, ahora ronin, que se vengan matando a este emisario imperial diez años más tarde, estas condenas las manda el Estado para restablecer el orden y, al mismo tiempo, para darle una salida honrada a estos 47 hombres que se convirtieron en héroes y modelos a seguir para el habitante japonés.

Imágen de la película Harakiri(seppoku) del director Masaki Kobayashi
La ceremonia de suicidio comenzaba con un baño purificador al condenado para, después, peinarlo. Luego se le vestía con un kimono, normalmente blanco al ser este un color de luto en el mundo japonés, y se le llevaba al sitio donde se realizaría el seppuku. Una vez en el sitio, que consistía en dos tatamis cubiertos de telas blancas, se le daba dos tazas de sake, viandas y se le permitía escribir un poema de despedida (yuigon o zeppitsu).


Planta enterrada
que jamás floreció.
Así de triste
mi vida fue; y sin fruta 
dar ahora termina

Para finalizar la ceremonia, se le otorgaba una espada envuelta en una tela blanca y arroz para que este absorbiera la sangre y no manchase, algo considerado deshonroso. En ocasiones, se limpiaba la espada en agua para que todo fuera lo más puro y casto.

 Detrás del suicida, se colocaba su padrino (kaishaku) el cuál tenía que decapitar al condenado una vez este se hubiera apuñalado el estómago con la espada que se le donaba. El ritual se suavizó y se suprimió el autoapuñalamiento, así el condenado recibía una daga de madera o un abanico que era una señal para que su padrino lo decapitara.

En el siguiente enlace, se puede observar un caso de harakiri donde se prescinden de los preliminares de la ceremonia: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=-5xKq2vPUew . Esta escena se extrae de la película de Edward Zick (2003): El último samurái.

Otra forma de suicidio ritual, es el junshi, traducido como “séquito de la muerte”, en el que un vasallo se suicidaba cuando su señor moría. Un caso célebre es el de Hôjô Nakatoki quien se se práctico este rito de suicidio ritual al ser derrotado en una batalla y, junto a él, 432 fieles siguieron su camino.

En conclusión, vemos una práctica ritual de gran trascendencia simbólica y muy arraigada a la cultura japonesa que poco a poco se fue transformando hasta convertirse en una pena estatal para los samuráis de alto rango. Condena que por otro lado, permitía al que iba a ser ejecutado salvar su honor y parte de su patrimonio. Con el paso del tiempo el harakiri como el junshi fueron prohibidos por diversas leyes estatales aunque su recuerdo aún perdura en la mentalidad japonesa.



José Ángel Castillo Lozano